NUTRIR LOS CIMIENTOS DE UN NUEVO SER

 

 

 

El embarazo y la lactancia suponen un esfuerzo para el organismo femenino, que, además de dar soporte y alimentar a un nuevo ser, debe enfrentarse a molestias y alteraciones como las náuseas, la gastritis o las estrías. Minimizar estas molestias y cuidar tanto la salud de la mujer como la del bebé puede lograrse de modo natural con suplementos nutricionales y plantas medicinales.

Durante el embarazo y la lactancia aumentan las necesidades de prácticamente todas las vitaminas y minerales.

 

Hierro, vitamina B12 y ácido fólico: son esenciales para que el organismo fabrique glóbulos rojos y evitar anemias y el correcto desarrollo sanguíneo del feto.

 

Calcio y vitamina D: este dúo es esencial para el mantenimiento de la salud ósea y dental, así como para el desarrollo del esqueleto del feto.

 

Ácido fólico: necesario para el correcto desarrollo del embrión y la prevención de la espina bífida, debe tomarse antes y durante la primera etapa del embarazo, ya que el tubo neural es una de las primeras estructuras que desarrolla el embrión y se acaba de cerrar en la cuarta semana de embarazo.

 

Yodo: los cambios hormonales en la embarazada y el feto para desarrollar su propio sistema nervioso necesitan un correcto aporte de este mineral.

 

Vitaminas del grupo B (B1, B2, B3 y B6): por estar implicadas en multitud de vías metabólicas, tanto de la madre como del feto en crecimiento.

 

Carotenos: debido a que son antioxidantes y precursores de la producción interna de vitamina A, cuyos requerimientos aumentan durante el embarazo y la lactancia. La vitamina A es liposoluble y en exceso puede ser nociva, por ese motivo es mejor suplementar la dieta con carotenos que en el organismo pueden ser transformados en vitamina A. Las mejores fuentes de carotenos son las algas espirulina y kelp, que también aportan buenas cantidades de hierro, yodo y vitaminas B.

 

Magnesio: mejor en forma quelatada porque se absorbe mejor. Ayuda a combatir los calambres tan habituales.

 

Ácidos grasos poliinsaturados: mejoran la calidad tanto del parto como, posteriormente, del desarrollo nervioso del bebé vía leche materna.

En el embarazo

 

Es período en el que una mujer sufre más cambios en menos tiempo. En 9 meses su cuerpo se ha de adaptar al desarrollo y crecimiento del feto, lo que implica cambios físicos, hormonales e incluso psicológicos. Algunas de estas modificaciones perturban el bienestar de la mujer y se pueden controlar de un modo natural.

 

Complementos nutricionales recomendados

 

  • Jengibre (Zingiber officinale): la raíz seca de esta planta es muy útil para aliviar los mareos y náuseas gestacionales. Parece ser que los gingeroles y los shogaoles, principios activos de esta planta, actúan sobre el tracto gastrointestinal reduciendo el reflejo del vómito y los mareos.
  • Carbonato de magnesio: es un efectivo neutralizador de la acidez estomacal, por lo que ayuda a calmar la pirosis que se produce sobre todo en la última fase del embarazo, cuando el volumen del feto empuja al estómago y eso hace que la mujer sienta acidez. También ayuda a regular el tránsito intestinal que puede verse alterado debido a los cambios hormonales durante el embarazo. Además, es una buena fuente de magnesio, un mineral cuyos requerimientos crecen en esta etapa.
  • Zinc: es un mineral fundamental para evitar tanto el aborto prematuro como la depresión posparto (especialmente, en las madres de hijos varones), ya que se trata del regulador neurohipofisario por excelencia.
  • Hierro: es esencial para la formación de la sangre, tanto materna como del feto. Es mejor tomarlo en suplementos donde se asocie este mineral con vitaminas C, B12 y ácido fólico.
  • Glucomanana: es una fibra que ayuda a retrasar la absorción de la glucosa a nivel intestinal, por lo que resulta útil para controlar la glucemia en el caso de que la madre sufra de diabetes gestacional, algo que afecta a muchas mujeres debido a los cambios hormonales.
  • Plantago (Plantago ovata): la fibra de esta planta capta gran cantidad de agua a nivel intestinal y facilita el tránsito intestinal, previniendo el estreñimiento. Este problema suele aparecer al inicio del embarazo debido a una relajación del tono muscular de los intestinos.
  • Colágeno hidrolizado: ayuda a formar el colágeno interno, por lo que contribuye a reducir e incluso a prevenir la aparición de estrías. Además, es una buena fuente de nutrientes para que se formen los cartílagos y huesos del feto.
  • Germen de trigo: por su riqueza en vitaminas, sobre todo en tiamina y vitamina E, y en especial en colina, un principio que ayuda en el desarrollo cerebral del feto.
  • Levadura de cerveza: es una de las mejores fuentes naturales de vitaminas del grupo B.
  • Omega 3 (DHA): forma parte de las membranas de las neuronas, por lo que ayuda al correcto desarrollo neuronal, tanto del feto como del bebé en sus primeros años, contribuyendo a mejorar sus capacidades intelectuales.
  • Complejo B, especialmente el ácido fólico (B9), que previene malformaciones en el sistema nervioso del futuro bebé; la vitamina B5 (ácido pantoténico), que ayuda en la metabolización y absorción de la B9; y la B6 (piridoxina), que contribuye a reducir las náuseas.
  • Jalea real: aporta vitaminas, minerales y oligoelementos, esenciales en el embarazo.

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En la lactancia

 

Durante la lactancia, los requerimientos extras se mantienen, ya que la composición de la leche que alimentará al bebe depende del estado nutricional de la madre. Por ese motivo es importante que la madre siga una alimentación rica y variada, y de ser necesario, que recurra a suplementos nutricionales.

 

Complementos nutricionales recomendados

 

Hinojo: es una planta galactogoga que tradicionalmente se ha utilizado para estimular la producción de leche.

 

Omega 3 (DHA) y yodo se pueden seguir tomando durante la lactancia para enriquecer la leche que alimentará al bebé.

 

Germen de trigo y levadura de cerveza: buenas fuentes de vitaminas E y del grupo B, entre otras. Además de enriquecer la leche, evitan la sequedad de la piel.

 

Triptófano: este aminoácido es utilizado a nivel cerebral para fabricar serotonina, un neurotransmisor relacionado con la relajación y la serenidad que proporciona a la madre bienestar y al bebé calma y tranquilidad.

 

Zinc y selenio: estos dos minerales pueden ser deficitarios si la madre no los suplementa adecuadamente en la dieta.

 

Flores de Bach como Gentian, Mustard o Chicory ayudan a mejorar la depresión posparto, aunque para acabar de afinar la fórmula es conveniente recurrir a un terapeuta floral.

 

Colágeno hidrolizado: aporta los aminoácidos necesarios para regenerar el colágeno, ayudando a fortalecer la piel, hacerla más elástica y prevenir la aparición de estrías.

 

Aceite de onagra (Oennothera biennis): para evitar la sequedad de la piel.